La actual situación económica supone una ocasión para examinar la solidez de los principios empresariales de los despachos. La idea de que lo grande es mejor, el valor de los equipos numerosos y los servicios generalistas están en cuestión. Con la actual economía cambiante, es posible que algunas estructuras de despacho se queden atrás y que muchos empiecen a apostar por un nuevo modelo.
Los abogados están menos ocupados que antes debido al descenso del número de transacciones, y las tensiones en el seno de los despachos salen a la luz. Cuando los despachos estaban inundados de trabajo, los grandes beneficios ayudaban a “tapar los agujeros”
Por ello, la situación actual puede ser una buena oportunidad para que surja un nuevo modelo de despacho. Los ingresos más bajos y la poca disponibilidad de préstamos implican una mayor presión en los presupuestos de los departamentos legales de las empresas. Los directores de asesoría jurídica exigen un mayor valor añadido por su dinero (especialmente en lo que respecta a los asuntos cotidianos), un servicio más personal y la garantía de que tienen al abogado adecuado para cada asunto.
Muchos opinan que es una oportunidad para que los despachos pequeños y especializados demuestren que pueden competir e incluso superar a los grandes despachos generalistas.
“Son tiempos difíciles para todos los despachos, pero consideramos que al ser relativamente pequeños estamos mejor posicionados que otros en el mercado para luchar y superar las dificultades”, afirma Fernando Campos Ferreira, del nuevo despacho lisboeta Campos Ferreira Sá Carneiro (CS Associados).
El despacho, que cuenta con seis socios y 21 abogados, deriva de PLMJ, donde Campos Ferreira dirigía el área de Corporate, y de Uría Menéndez, donde Francisco Sá Carneiro era Socio Director.
“Los clientes están muy preocupados por la relación calidad-precio, dando menos importancia a la marca de los despachos más tradicionales”, dice Campos Ferreira. El despacho ya ha jugado un papel destacado en uno de los acuerdos comerciales más importantes de los últimos años, asesorando al gigante brasileño Votorantim en su adquisición de participaciones de la productora de cemento portuguesa Cimpor.
La creación de CS Associados es una muestra de la aparición de una nueva ola de despachos pequeños y “boutiques” en España y Portugal desde que estalló la crisis. Muchos de ellos han sido creados por abogados senior que dejan grandes despachos, como por ejemplo AAA, que también surje de PLMJ, o Nicea, formado por antiguos abogados de DLA Piper y Eversheds Lupicino en Madrid. Otros han sido creados por una nueva generación de abogados con experiencia internacional; es el caso de Gold Abogados, cuyos socios provienen de DLA Piper, o Hernández-Echevarría, formado por antiguos abogados de Clifford Chance, Cuatrecasas y Ramón & Cajal, así como la boutique de derecho público Esquível, que deriva de Linklaters Lisboa.
De modo similar, Cardigos surgió en gran parte de ABBC y Abreu Cardigos (ahora Abreu Advogados), de la que Pedro Cardigos era socio fundador.
El momento adecuado
Aunque algunos piensen que crear una empresa durante la recesión constituye un suicidio financiero, los abogados de estos despachos subrayan que la economía no es más benévola con los despachos consolidados; para los más grandes, un menor número de operaciones en el mercado significa una búsqueda desesperada de trabajo para poder mantener a su abogados ocupados, mientras que el descenso de los ingresos implica menos beneficios para los socios y por tanto un riesgo de deserción.
“En los buenos tiempos las empresas recurrían a la confianza en las grandes marcas, pero en cuanto tuvieron dificultades para justificar tales gastos, los directores de asesoría jurídica dejaron de utilizar esos despachos. Ahora, con el factor coste más presente que nunca, están mucho más dispuestos a considerar alternativas, asumiendo que también hay calidad y que la factura será razonable”, dice Pedro Cardigos, especialista en finanzas y derivados en Cardigos, que celebra su segundo aniversario.
El factor coste
El coste es un factor importante, pero aunque los abogados de los despachos pequeños subrayen el menor coste de sus estructuras y por lo tanto de sus gastos, muchos de ellos insisten no obstante en que no representan “la opción barata”.
El tener menos gente pero de más alto rango significa que la tarifa por horas puede ser igual o incluso más alta que en los grandes despachos, aunque al final la factura definitiva sea inferior. Los asesores jurídicos ya no están dispuestos a financiar la formación de los abogados junior de los grandes despachos, pero están dispuestos a pagar a gente con experiencia para asuntos importantes.
“Creemos que ofrecemos un valor excepcional al cliente gracias a nuestro alto porcentaje de socios; podemos diferenciarnos al brindar a los clientes la ventaja del asesoramiento de abogados con larga trayectoria pero a unos precios competitivos”, dice Campos Ferreira.
Pero los grandes despachos están respondiendo. El trabajo especializado atrae mucho, pero ahora se compite por el trabajo cotidiano, que atrae cada vez más a los despachos grandes, los cuales empiezan a ofrecer el trabajo de sus abogados junior a “precios excepcionales”. Si los nuevos despachos pensaban que ganarían en el precio, algunos se han llevado una decepción.
“Pensábamos que estaríamos relativamente protegidos de la competencia de los grandes despachos a nivel de precios pero no ha sido así. Es evidente que incluso los despachos de más prestigio están persiguiendo hasta al cliente más pequeño; es insostenible”, opina Gerard Pérez Olmo, socio fundador de Gold Abogados.
Aunque los despachos pequeños tengan menos gastos, los grandes aseguran que pueden arreglárselas para ser igual de económicos. Queda abierto el debate de si es mejor tener 14 abogados o 1400, como en el caso de Garrigues.
Aproximarse al cliente
Así las cosas, el precio ha dejado de ser tan determinante como muchos creían, imponiéndose otros factores como la experiencia y la calidad del servicio. Pero aunque algunos sugieran que la facturación de los despachos pequeños refleja con más precisión la cantidad de trabajo dedicada a un cliente, los despachos grandes aseguran que en ellos también “se paga por lo que se recibe”.
“A lo mejor una estructura pequeña implica que todos los clientes sean queridos por igual, pero no hay que dejar de preguntarse por qué toda esta gente está creando sus despachos; ¿han decidido saltar o les han invitado a marcharse?” opina un socio de un gran bufete madrileño.
Para algunos abogados senior, las tensiones dentro de los despachos son sin duda motivo suficiente para abandonar, pero también lo son las limitaciones institucionales. El nuevo despacho madrileño Moscardó & Stampa, especializado en procesal y arbitraje, ha sido creado por Miguel Moscardó, que dirigía el departamento procesal de Garrigues hasta que llegó a la edad obligatoria de jubilación de dicho bufete.
Para los abogados jóvenes, los motivos para formar su propio despacho pueden ser más diversos. Un factor puede ser el descontento con las decisiones de la dirección, pero también las barreras a la promoción que se están imponiendo en muchos grandes despachos. Llegar a socio, especialmente en los despachos anglosajones, se está volviendo difícil debido a la preocupación por mantener los beneficios.
“Muchos abogados de los grandes despachos están cansados de los egos mezquinos, los objetivos de facturación y las políticas de “propiedad” sobre el cliente, pero no se atreven a cambiar. Sólo han vivido épocas buenas y tienen miedo de lo que les depara fuera. Pero cualquiera que tenga una verdadera ambición tienen que evaluar todas las opciones”, dice un socio de un nuevo despacho madrileño que prefiere permanecer anónimo.
Crear una marca
La vida es distinta para los abogados de despachos pequeños, especialmente para los que están empezando su carrera. Sin duda la autonomía y la sensación de determinar tu propio futuro son muy atractivas, pero en los primeros años esto significa tener que trabajar más por menos dinero, y dedicarse más a la gestión y desarrollo del negocio, habilidades que los abogados junior todavía no han adquirido.
“En un despacho pequeño o nuevo siempre hay que trabajar un poco más para convencer al cliente de que te dé la oportunidad; luego está en tus manos el demostrar que puedes hacer el trabajo más eficientemente que los demás”, dice Pérez Olmo.
Pero antes de pensar en facturar, hay que resolver todas las cuestiones prácticas sobre cómo empezar un negocio: encontrar un local, personal de apoyo, implementar una estructura institucional y tecnológica y posteriormente desarrollar una marca que se extienda más allá del reconocimiento del nombre de los socios fundadores.
“Se nos percibe como una boutique de finanzas y “corporate”, que es una de nuestras áreas fuertes, pero queremos demostrar que podemos ofrecer mucho más. Queremos que nos vean capaces en fusiones y adquisiciones o en finanzas pero no exclusivamente en esas áreas”, dice Campos Ferreira.
El crecimiento de un bufete se puede hacer utilizando temporalmente abogados de otros despachos, con vistas a una futura integración entre dichos despachos o equipos; pero algunos opinan que cuanto más pequeña sea la estructura, menos espacio hay para choques de personalidades o estilos. Cada incorporación tiene que encajar perfectamente con el ADN del despacho.
“Estamos creciendo a un ritmo aproximado de uno o dos abogados por año, lo cual no es muy rápido pero es totalmente sostenible en la situación actual”, dice Pedro Alemán, que creó su propio despacho en 1996, tras dejar Uría Menéndez, y que ha establecido una de las boutiques más prestigiosas de propiedad intelectual y tecnologías de la información de Madrid.
“Teníamos una idea de lo que queríamos hacer en un principio pero no sabíamos exactamente qué camino íbamos a seguir. Lo que resultó claro rápidamente es que serían los clientes los que definirían nuestra estrategia; ahora nuestro despacho tiene un claro enfoque industrial (entretenimiento, arte, internet) e incluye no solo derecho de propiedad intelectual sino también derecho mercantil y procesal.”
Ir a contracorriente
A pesar de los retos y la incertidumbre de empezar un despacho propio, todos los que lo han hecho dicen que no hay vuelta atrás. Sin embargo, las buenas intenciones no son suficientes: hay que demostrar al cliente la capacidad de responder a sus necesidades, y de hacerlo mejor que los despachos de siempre.
Muchos directores de asesoría jurídica empiezan a estar abiertos a probar nuevas opciones, sin embargo sigue siendo más fácil para ellos justificar el gasto cuando el despacho cuenta con abogados senior con una reputación en el mercado. Para los abogados más jóvenes, la estrategia es consolidar un área de especialización, o aprovechar los contactos previos, según dicen algunos.
En cualquier caso, cuando acabe la crisis llegará el nuevo reto que implicará competir con los grandes en situación de igualdad, y conservar la confianza de los directores y asesores jurídicos de empresa.
Cuando se recuperen los mercados, es posible que algunos despachos sean absorbidos por estructuras más grandes. Los socios directores tienen mucho respeto hacia los abogados que hayan mostrado un espíritu emprendedor, aunque sean jóvenes. En los últimos años el gigante estadounidense Howrey absorbió a la boutique madrileña de derecho de la competencia Martínez Lage, mientras que Gómez-Acebo & Pombo integró al laboralista Bufete Nieto, al despacho fiscalista Padrol Munté y a muchos socios de Rodés & Sala.
Pero pensar en “acoplarse” a un despacho más grande no tiene sentido. Hay que seguir confiando en lo que se está haciendo, creer en la capacidad del equipo que se ha construido y demostrar que se puede competir en cualquier circunstancia. “Tenemos una gran variedad de áreas de práctica, buenos socios, asociados excepcionales y los juniors más prometedores. El futuro sin duda es nuestro”, dice Cardigos lleno de confianza.
Para otros, sin embargo, estos casos no son más que excepciones a una tendencia más grande del mercado. Los despachos pequeños son un fenómeno de corta duración aunque perturbadores. Una vez que pase la sequía, veremos cómo los abogados vuelven a buscar la comodidad y el ahorro que suponen las grandes estructuras. Los crecientes costes de los servicios legales seguirán presionándoles hacia la integración.



















